Sanlúcar de Barrameda y su manzanilla

Por Alberto Adeva / Fotos:  Natalia Adeva

Un lugar que siempre merece una visita es Sanlúcar de Barrameda, puerto de gran pujanza en tiempos heroicos, donde salieron los primeros navegantes que dieron la vuelta al mundo con Fernando de Magallanes al frente y, tras su muerte en Filipinas, con Juan Sebastián Elcano al timón de una tripulación que volvió muy mermada de efectivos. Aquí, en tierras de Sanlúcar, donde todavía se mantiene la riqueza de los tiempos de la casa de Medina Sidonia en palacios, iglesias y conventos, se cuenta que vino a conocer el mar Isabel La Católica.

barbadillo1Después llegó el negocio del vino y sus bodegas. De todo ello se vive hoy todavía, también del turismo y de todo lo que rodea a esa maravilla natural que supone la desembocadura del Guadalquivir y el Parque de Doñana. Conjunción visual y gastronómica que ofrece dos fenómenos extraordinarios: los langostinos y la manzanilla.

Un buen plan de mañana en Sanlúcar es acudir al Museo de la Manzanilla de las Bodegas Barbadillo (Luis de Eguilaz, 11) para conocer los secretos de elaboración de un fino único elaborado a partir de la uva palomino autóctona de esta zona. El clima de Sanlúcar, con su particular viento de poniente, junto con un proceso de crianza biológica bajo las levaduras del velo de flor, es la conjunción milagrosa que hace posible la manzanilla. Un vino que tiene un árbol genealógico único gracias a su sistema de criaderas y soleras, que garantiza una continuidad en el tiempo y una perfecta fusión entre las criaderas, que guardan el vino joven, y las soleras, a ras de suelo, donde reposa el más añejo.

Un vino fino que ya se citaba en la ópera Carmen, estrenada en 1875, pero que la familia Barbadillo, con su fundadores Benigno Barbadillo y su primo Manuel López Barbadillo al frente, comenzó a elaborar en estas tierras en 1821. Barbadillo, en el barrio alto de Sanlúcar de Barrameda, es hoy una de las mayores bodegas del Marco de Jerez.

barbadillo2En la visita al Museo de la Manzanilla no hay que perderse la majestuosa bodega catedral, que recibe el nombre de La Arboledilla. La visita acaba con una cata, como no podía ser de otra manera.

El barrio alto de Sanlúcar tiene mucho encanto. Además de las bodegas merecen una visita el palacio de Medina Sidonia, el de Orleans (ahora convertido en Ayuntamiento) y el castillo de la ciudad, que ofrece unas extraordinarias vistas.

Para reponer fuerzas lo mejor es dejar el barrio alto y volver al centro, a la Plaza del Cabildo concretamente, a lugares como Casa Balbino, Barbiana o La Gitana. Si las piernas dan más de sí también se puede elegir entre la amplia oferta gastronómica que existe en la zona del Bajo de Guía (muy recomendable Casa Bigote, pero el catálogo es extenso: Casa Juan, Mirador Doñana, Poma o Joselito Huerta). Muy bonitas, por cierto, las villas de verano construidas por aristocráticas familias sevillanas en la Avenida de Bajo de Guía.

Habrá tiempo de volver al centro y tapear a la hora de la cena por el Cabildo. Luego siempre podremos tomar un helado en un lugar imprescindible como Toni, tomar una copa con vistas en el Camarote Pub del hotel Guadalquivir o buscar algún lugar para escuchar flamenco.

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