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La Mancheguita 1978

En Villaverde Alto, al sur de Madrid, se asentó en los años del desarrollismo una amplia colonia manchega. Era entonces una zona eminentemente industrial, lo sigue siendo hoy día, aunque con matices porque el tejido fabril cambió mucho y varias de las fábricas emblemáticas de la zona, como Marconi o Boetticher, ya no existen. Villaverde es aún hoy un barrio obrero, pese a los nuevos desarrollos urbanísticos, emparentado socialmente con Vallecas, Vicálvaro o Carabanchel, todos ellos pueblos que fueron anexionándose a Madrid durante los años 50 del siglo pasado.

La llegada de manchegos y de inmigrantes de otras zonas, como Extremadura o Andalucía principalmente, también trajo a estos barrios de Madrid sus formas culinarias. Con más o menos fortuna se fueron abriendo bares y algunos restaurantes, muchos de ellos perdidos para siempre, pero otros, por su particular afán e interés, han sobrevivido a todo tipo de vicisitudes: crisis, cambios en los perfiles demográficos de los barrios o la nueva moda del fast food que tanto daño está causando.

Por eso seguramente sea de alabar la permanencia en la misma ubicación, exactamente desde 1978, de La Mancheguita. Fundada por Mariano y Nina, un matrimonio oriundo de Villafranca de los Caballeros (Toledo), son sus hijos, Nuria y Raúl, los que siguen hoy al frente del negocio.

Y hay que decir que mantienen la tradición con un empeño digno de elogio. Una cocina auténtica, sin trampa ni cartón, que refleja lo mejor de la gastronomía de Castilla-La Mancha, que dicho sea de paso y aunque parezca extraño, tampoco tiene demasiadas direcciones fiables en Madrid.

A La Mancheguita se viene a comer platos tradicionales, como carcamusas, migas, gachas, pisto, huevos de corral, caldereta de cordero, chuletas a la brasa o arroces. Todos llevan el sello de la tradición, aunque la inquieta Nuria Corrales también reinterpreta algunos de ellos y es vanguardista en la presentación de su ensalada de perdiz o en las excelentes alcachofas confitadas.

Los postres también rayan a buena altura. Así es en la interpretación de la tarta de la abuela o en el pastel de cuajada, ambos irreprochables. También ofrecen torrijas, natillas o arroz con leche.

Se observa inquietud por los vinos. En nuestra última visita tomamos un agradable Valduero 2015. Buen café y servicio atento y amable en un lugar sin lujos, pero auténtico.

 

 

 

 

Más info: http://www.lamancheguita1978.com/es/
E-mail: ramacoes@hotmail.es
Dirección: Calle Escribanos, 11, 28021 Madrid
Teléfono: 915 05 36 88

Santamaría

La cocina navarra es una de las joyas de la gastronomía española. Posee una miscelánea excelente de productos, con esa reserva vegetariana de la Ribera, una despensa que ofrece carnes de excelente nivel, con platos como el calderete, el chuletón a la brasa o el cordero al chilindrón; su cercanía al Cantábrico y sus ríos también sitúan a esta Comunidad Autónoma como cuna de algunas recetas decimonónicas, son los casos de la trucha a la navarra o el bacalao al ajoarriero.

Lo cierto es que en Navarra se come muy bien. En nuestra última visita por estas tierras, tuvimos la suerte de conocer el restaurante Santamaría, en Doneztebe/Santesteban, un lugar con mucho encanto, en la tierra legendaria del Valle del Baztán. Territorio de novela negra, pero que a mí me trae a la memoria lecturas de juventud y el recuerdo de Pío Baroja, cuya casa familiar se encuentra situada en Vera de Bidasoa.

Santamaría es un lugar de peregrinaje de gente de la zona, lo cual es siempre indicativo de que se come bien, más en estas tierras, donde se lleva poco el “gato por liebre”. Y hay que decir que es así. Para un urbanita, además, la experiencia puede incluso tener tintes extraordinarios, acostumbrados como estamos en las grandes ciudades a muchas insulsas comidas minimalistas.

A Santamaría se viene a comer con mayúsculas y a disfrutar de una cocina tradicional ejecutada a las mil maravillas. La menestra de verduras es sencillamente impecable, pero su carta ofrece mucho y de lo mejor de la tradición culinaria navarra, como las alubias rojas, la sopa de pescado, el bacalao al ajoarriero y al pil pil, el marmitako, los chipirones en su tinta o la chuleta a la brasa.

El apartado goloso raya a gran altura. Destacan los canutillos rellenos de crema, excelentes, y la tarta de hojaldre con nata. Pero un amante de la cuajada no debe perderse la elaboración artesanal de este postre que ofrecen en Santamaría.

Un pacharán y listo. Trato familiar y simpatía del servicio pese al lleno del fin de semana en uno de esos lugares a los que merece la pena volver una y otra vez.

Más info: http://www.hostalsantamaria.es/

santamaria

Miguel de Cervantes

Siempre es una buena idea visitar Alcalá de Henares, una de las 15 ciudades Patrimonio de la Humanidad que tenemos en España. Para la gente de Madrid, la visita es muy cómoda, pero parece que hoy en día lo más esnob es irse cada fin de semana hasta cualquier lugar remoto. El caso es que la ciudad complutense siempre merece una visita, con ese centro histórico tan amable y con tantos lugares de interés por recorrer.

Lamentablemente, Alcalá de Henares no es ajena al fenómeno de la globalización y es una pena ver cerrada la histórica pastelería Salinas, en plena Plaza de Cervantes, mientras que una legión de jóvenes se agolpa frente a una multinacional de comida rápida. Pero lamentablemente parece una lucha pérdida, como la de Don Quijote frente a esos molinos de viento imaginados como gigantes.

En tierras cervantinas, tras visitar algunos must de la ciudad, como el Colegio Mayor de San Ildefonso, la Plaza de Cervantes, la Catedral-Magistral y la calle Mayor, un buen sitio para reponernos de este frío invernal es el restaurante Miguel de Cervantes, al lado de la Casa Museo del autor de Rinconete y Cortadillo y en la misma calle en que nació Manuel Azaña. El restaurante, que también es hotel, fue un antiguo convento, restaurado hace algunos años respetando su arquitectura, su estructura interior y los artesonados de sus techos.

Miguel de Cervantes es una dirección fiable, con una clientela de adeptos de la propia ciudad, lo que suele ser síntoma de la buena salud de un restaurante. Entre los primeros platos, raya a gran altura la crema de calabaza con anchoa ahumada, al igual que la ensalada de presa y foie. Buena sopa y apreciable cocido, también. Interesante, por inusual, el rosbif del aperitivo.

La casa se ha especializado en los últimos tiempos en arroces, de particular interés el de perdiz, y cuando comimos allí, también el de costillas. La oferta de pescados es más que suficiente: ofrece atún braseado, merluza koskera, bacalao al club ranero y kokotxas al pil pil, además de lubina salvaje a la sal.

Pero quizá sea la carne uno de los fuertes de este restaurante, con diferentes cortes a la vista del comensal en la entrada del local. El día de nuestra visita, excelentes las chuletas de cordero lechal, pero en carta también solomillo de vaca vieja, chuletón de vaca madurado, paletilla de cordero, jarrete de cerdo ibérico, carpaccio de ternera o secreto ibérico al estilo strogonoff.

Entre los postres, resulta ineludible la costrada, ese postre típico alcalaíno con el que conviene reencontrarse de vez en cuando. También coulant de chocolate, tarta rota de fresón y yogur griego o helados artesanos. Carta de vinos interesante, muy completa, con algunas etiquetas inusuales y otras de relumbrón. Servicio profesional.

 

 

 

 

Más info: http://www.hcervantes.es/es/restaurante/
E-mail: hotel@hcervantes.es
Dirección: Calle la Imagen, 12, 28801 Alcalá de Henares, Madrid
Teléfono: 918 83 12 77

Nido-Playa

Lo mismo ha llegado la hora de reivindicar los chiringuitos, muchas veces injustamente denostados desde la crítica gastronómica. En España, muchos de estos restaurantes a pie de playa se han convertido con el paso de los años en direcciones realmente sólidas.

Los Marinos José de Fuengirola es el ejemplo perfecto, pero en toda la costa española, y particularmente en la andaluza, hay decenas de restaurantes a unos pasos del mar que merecen mucho la pena. El Chiringuito Nido, en Roquetas de Mar (Almería), es uno de ellos.

La visita que hicimos este verano nos dejó un excelente sabor de boca. Sorprendente la preparación y el sabor del ceviche de pez limón, como las huevas de gallo pedro, ese pescado tan clásico del litoral almeriense, en una presentación absolutamente inusual.

Sobresaliente el pulpo a la brasa, con una mezcla perfecta de mar y fuego, al igual que las puntillitas, un aperitivo clásico del sur, pero con un rebozado en su punto, crujiente y nada aceitoso.

A cualquiera de los pescados ofrecidos en la carta les va perfecto su paso por la plancha: cherna, rodaballo, salmonetes, gallo pedro, mero, atún, etc. La oferta en pescados y mariscos no se detiene ahí, claro. Muy buenos calamares, también a la plancha, almejas, gamba blanca, gama roja de Garrucha, en fin, de todo un poco.

Los arroces de la casa también merecen mucho la pena, en especial el de bogavante, que no hay que perderse.

Para acompañar la comida, oferta muy clásica de vinos. El Flor de Indalia, de la bodega Pagos de Indalia, un vino blanco de la tierra del Andarax, resulta una buena opción para acompañar la comida.

Buen licor con miel que ofrece la casa. Dentro de los postres, lo mejor es el helado de galleta. Buen café y amable servicio.

 

 

 

 

Más info: http://chiringuitonido.blogspot.com/
E-mail: info@nidoplaya.es
Dirección: Paseo del Mar, 19 04740 Roquetas de Mar (Almería)
Teléfono: 950 33 47 74

El Churrasco

Siempre merece la pena revisitar Córdoba, una ciudad que embruja al visitante, como también lo hace su gente y su gastronomía. Tengo para mí que el casco histórico de la ciudad de los califas es uno de los mejores lugares de España para comer. Y allí, en esa laberíntica y hermosa judería, muy cerca de la Mezquita-Catedral, se encuentra El Churrasco, una dirección imprescindible.

El Churrasco es uno de los lugares de referencias de la gastronomía de la ciudad desde su fundación en 1970 por Rafael Carrillo. Ahora es su hijo, también de nombre Rafael, el que comanda un negocio que funciona con una precisión asombrosa. De entrada, lo que más llama la atención al abrir sus puertas es su animada barra, donde se puede observar la excelente materia prima, tanto en carnes como en pescados, que ofrece esta casa. Un restaurante-museo donde se respira la historia en cada uno de sus salones, que fueron incorporándose al negocio con el paso del tiempo, como el comedor mudéjar, el salón de la abuela o el comedor árabe, entre otros.

Lo cierto es que, al margen del escenario, tenemos que hablar de la cocina, que no es aquí algo baladí. El Churrasco comenzó, claro está, ofreciendo carnes a la brasa al carbón de encina, pero con el tiempo fue ampliando su oferta. Hoy en día, la carta es realmente amplia y ofrece una variedad extensa de platos.

De entrada, un fino Montilla-Moriles, con dos años en barrica, recibe al visitante, de la bodega propia con que cuenta la casa. Estos vinos, como los amontillados o el Pedro Ximenez que se ofrece a los postres, resultan excelentes. Al margen de los vinos de la casa, la carta cuenta con muchas referencias de las diferentes denominaciones de origen.

Una excelente tosta de anchoa es una buena opción como entrante, al igual que el salmorejo cordobés, que ofrecen para compartir junto con unas finas berenjenas fritas. La carne del Valle de los Pedroches es sensacional, no conviene sustraerse a ellas, así que resulta obligado pedir alguno de sus cortes, como el lomo de vacuno, sencillamente irreprochable. La oferta de pescados también es muy destacada. Muy bueno el rape a la cordobesa que recordaba de mi anterior visita, pero el mero a la espalda elegido en esta ocasión es excelente. El tratamiento a la plancha de su materia prima seguramente sea el secreto de este restaurante.

La carta de postres tampoco pasa desapercibida. Muy buen sorbete de limón al cava, al igual que el crocanti de avellana o la leche frita con helado de canela. El pastel cordobés, de hojaldre y relleno de cidra, es una muy buena opción. Buen pan y café. Servicio de una amabilidad y profesionalidad extraordinarios.

 

 

 

 

Más info: http://www.elchurrasco.es
E-mail: elchurrasco@elchurrasco.com
Dirección: Calle Romero, 16 – 14003, Córdoba
Teléfono: 957 290 819

Bistrot Saconia

Existe un Madrid más allá de la Calle 30, el de los restaurantes de barrio, nada fáciles de conocer si uno no patea mucho, es vecino o recibe la información de radio macuto, pero en los que a veces se encuentran direcciones muy fiables. Un buen ejemplo de esto que digo es el Bistrot Saconia, situado en una zona que toma su nombre de la empresa constructora y que transcurre entre la Dehesa de la Villa y el Barrio del Pilar. Saconia o Ciudad de los Poetas, que también se llama así, es un lugar ajardinado, tranquilo, en la zona norte de la capital.

El Bistrot, que se inauguró en 1989, ha practicado de siempre una cocina norteña, gallega más bien. Sus fundadores apostaron por los mariscos del norte y las carnes de Zamora en un guiño a su origen, La Puebla de Sanabria. Y desde entonces fueron fieles a una gastronomía que atrae a muchos parroquianos a su barra y a sus abigarradas mesas del comedor.

Las pretensiones del Bistrot Saconia tienen que ver con una excelente materia prima y una muy buena mano en la cocina, donde ejerce con sapiencia Beni. De mi última visita destacó los berberechos al vapor, las navajas a la plancha, las gambas al ajillo, el pulpo a la gallega y unas buenas croquetas caseras. Nada sofisticado, pero a veces difícil de encontrar en este Madrid de hoy que a menudo desconcierta en su oferta gastronómica.

Entre los segundos, la carta es variada tanto en pescados como en carnes. La merluza, por ejemplo, se ofrece en diferentes preparaciones: a la gallega, a la romana, a la plancha, o un cogote, que es sencillamente magnífico. Pero la oferta no se detiene ahí: rodaballo, congrio (un pescado que se ve poco en Madrid), etc.

El apartado carnívoro no desmerece tampoco. Entre la oferta, churrasco, entrecot, solomillo y excelentes chuletas de lechal, platos que se acompañan de pimientos de Padrón y unas finas patatas fritas.

El menú del día, que se ofrece entre semana, es sencillamente imbatible. El comensal puede encontrar una oferta de platos de una calidad sobresaliente. Excelente ensaladilla rusa, por ejemplo, o un bonito a la plancha con cebolla caramelizada, irreprochable. Platos de cuchara y guiños a una cocina que no se sabe bien por qué tiende a desaparecer, como ese conejo al ajillo que se ofrecía el último día y que ahora parece una rareza ver en una carta.

Postres caseros, donde destaca por encima de todo el arroz con leche, y algunas tartas que también están muy bien, como la de queso y una buena versión de la de Santiago.

Notable oferta vinícola, con algunos Albariños interesantes, incluido el que ofrecen de la casa, y una recomendación semanal en la carta. Servicio simpático y esmerado, con José, el encargado, a la cabeza.

Dirección: Calle de Antonio Machado, 45, 28035 Madrid
Teléfono:  913 73 30 31

Basilio Toralla

Galicia es una tierra de tradiciones. Su gastronomía es fiel reflejo de ello, una mezcla perfecta de mar, huerta y montaña, con platos que son una referencia ancestral. Basilio Toralla, en la playa de Canido, cerca de Vigo, es un ejemplo perfecto de la restauración gallega más clásica. No puede ser de otra manera si los fogones son manejados todavía hoy por su fundadora, Celia Prado, a sus 88 años de edad.

El actual restaurante se abrió en los años 50 del pasado siglo como una tienda y un bar para marineros, primero con el nombre de Toralla pues desde los ventanales del comedor se ve esta isla en plena ría de Vigo. Basilio Durán, el marido de Doña Celia, se encargaba entonces al comercio del marisco en la lonja de Canido por lo que todo el mundo comenzó a conocer el bar primigenio como Basilio.

El paso del tiempo hizo que la unión del patronímico de Toralla se sumara al de Basilio. Al frente del negocio sigue la fundadora Celia Prado y también su hijo José Luis. Ya no es un bar para marineros, sino un restaurante de comida costumbrista gallega, porque todos sus platos provienen de la tradición y de aquellos primeros años. “Hubo una época que comíamos tantas vieiras que no sabíamos ni cómo cocinarlas, así que comenzamos a hacerlas con huevos estrellados y patatas”, explica José Luis Durán. Si algunos platos de la cocina española se han inventado por la escasez, otros tienen su origen en el exceso de producto. El resultado, una vez mezclados todos los ingredientes, es sencillamente impresionante.

Los fideos con almejas o con carabineros y vieiras y los arroces son algunas de las especialidades más solicitadas. Platos excelsos, de matrícula de honor. Magníficos también el pulpo a feira o los chipirones encebollados, igual que la ensalada de tomate o los pimientos de Padrón que, según José Luis Durán, “solo deben picar a partir de noviembre”. Recetas sencillas que Celia Prado borda, como sucede con la empanada de vieiras o el rape al horno que despertó la atención de Juan Mari Arzak. Los mariscos, como percebes, nécoras o cigalas, entre otros, recién llegados de la lonja, también atraen a muchos parroquianos y justifican por sí solos la visita.

Excelente albariño Nadigna sobre Lías, un vino de autor de la D.O. Rías Baixas. Los postres, decimonónicos: cañitas rellenas de crema, tarta fina de manzana y filloas. Buen pan y atención esmerada de José Luis y Willy, un simpático y futbolero camarero de origen uruguayo.

 

 

 

 

Más info: www.basiliotoralla.es
Dirección: Playa de Cánido, 217 (Cánido Vigo) –  36390 Vigo, Pontevedra
Teléfono: 986 49 00 61

Muñagorri

 

Pedro Muñagorri es un profesional de la cocina con muchas horas de vuelo. Hasta su llegada a Madrid en 2008, en la casa primigenia de Las Rozas y luego en pleno barrio de Salamanca en la capital, ya había tenía una trayectoria reconocida en dos buenas direcciones, como Casa Nicolasa en San Sebastián y Zeria en Fuenterrabía.

Su cocina de mercado de inspiración vasca no es en ningún caso baladí. La impronta de su ejecución precisa, casi quirúrgica, se observa en cada plato de una carta que tiene por objetivo seducir al comensal.

Fuera de carta, la oferta también suele ser de interés, como los espárragos blancos de Navarra y una ensalada de excelentes tomates con ventresca que nos ofrecieron en nuestra última visita. De la oferta de entrantes de la carta, esta vez nos quedamos con las rabas de pulpo gallego con patatas al mortero, mojo rojo y ajada y la ensaladilla de txangurro con huevas de trucha, ambos muy acertados.

El sapito, ese rape más pequeño asado al horno, no deja indiferente, pleno de sabor, como el taco de merluza en su ajada y puré de patata. Algunos platos más forman parte del catálogo de productos del mar, como el tataki de salmón con tereyaki de mosto o los calamares en su tinta con arroz, entre otros.

Entre la oferta carnívora, “Del Campo” como se lee en la carta, destacan el solomillo de vaca con mostaza y pochado a la mantequilla con cebollas francesas o la carrillera al oloroso con puré de patata. Tiene fama el lomo de vaca vieja a la parrilla, pero seguramente la estrella sea el pichón de Las Landas en dos cocciones.

Nada deja indiferente en Muñagorri, tampoco los postres, de carácter clásico, pero con ciertos toques de modernidad. Buenas las cañitas templadas rellenas de crema y original la manzana al mortero, puré de manzana asada, crema fresca y helado de avellana.

Interesante bodega con numerosas referencias. El Fusco de Mencía merece mucho la pena, una opción realmente interesante.

 

 

 

 

Más info: http://www.munagorrirestaurante.es
Dirección: C/Padilla, 56, 28006 Madrid
Teléfono:  91 401 47 41

Martintxo

Siempre apetece asomarse a la cocina navarra, una miscelánea de colores, sabores y matices. Uno de los signos más acusados de esta gastronomía es, además de la diversidad y el atractivo de su oferta culinaria, el tratamiento, casi siempre adecuado, que se da a los productos.

Desde hace ya muchos años, los asadores y las sidrerías, más propios en origen del País Vasco, también tienen su hueco en la gastronomía navarra. Martintxo, en Cizur Menor, en las cercanías de Pamplona, fue además pionero en su género.

De gestión familiar, Martintxo, como era conocido el fundador de esta casa, Martín Elía Ansa, se asienta sobre los restos de lo que fue una panadería. Tomando como modelo el Julián de Tolosa, Martintxo fue el primer asador que se puso en marcha en Navarra en 1977.

El horno de leña de la panadería comenzó a asar cabritos, corderos y cochinillos, y se convirtió en una de las señas de identidad del restaurante, que más adelante, a principios de los años ochenta, abrió el espacio de sidrería.

Hoy en día, el concepto permanece intacto y son una legión los adeptos que se acercan a Martintxo para degustar un asado, una buena sidra guipuzcoana que sale de sus kupelas, un chuletón de buey o un pescado a la parrilla. La segunda generación de la familia Elía también sigue al pie del cañón.

En temporada alta de verduras frescas en Navarra, no podemos dejar pasar la oportunidad de tomarnos unos espárragos blancos y unas alcachofas de Tudela. Martintxo, además, dispone de ganadería y huerto propios, lo que da idea del tratamiento y la calidad del producto. Unos excelentes pimientos de piquillo al carbón dan paso a los segundos, entre los que destacan el chuletón de buey y los pescados salvajes, donde triunfan besugos, lenguados y merluzas a la brasa. Magnífico el cogote de merluza, hecho a la parrilla en su justo punto, de excelente sabor con esa mezcla de mar y carbón que tan bien sienta.

Buena selección de vinos, con prevalencia de la D.O. Navarra y un interesante “La Perdigana” de la bodega propia. Excelente sidra guipuzcoana que el comensal puede servirse directamente de las kupelas. Postres clásicos del recetario navarro, entre los que destacan el flan de yemas al caramelo, la leche frita al aroma de anís, los canutillos rellenos de crema con chocolate caliente o la cuajada de leche de oveja.

Notable pacharán, claro, como no podía ser de otra manera en esta tierra, y servicio atento.

 

 

 

 

Más info: www.martintxo.com
Dirección: C/ Irunbidea, 1 · 31190 Cizur Menor · Navarra
Teléfono: 948 180 020
Email: nuria@martintxo.com

La Parrilla de San Lorenzo

foto-albertoValladolid es una ciudad gastronómicamente de moda que aúna tradición y modernidad. Su casco histórico, en torno a la Plaza Mayor, está repleto de locales en los que disfrutar de una gastronomía que une como pocas el placer del buen comer con el culto al vino. Entre la oferta destacada de la capital castellano-leonesa en cocina tradicional, destaca La Parrilla de San Lorenzo, un asador que se encuentra situado en los bajos del “Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana”.

La Parrilla de San Lorenzo es un lugar con encanto que, además de disfrutar de un marco museístico, ofrece lo mejor de la cocina castellana. Sin duda, lo más destacado de este local familiar es su horno de leña, del que sale un lechazo -con Indicación Geográfica Protegida (I.G.P) de Castilla y León- sencillamente magnífico. La carta ofrece, además, un buen montón de entrantes entre los que sobresalen la ensalada de escabechados o la tulipa de hongos y foie.

En esta época del año siempre resulta una buena opción un plato para entrar en calor como la sopa castellana. La carta acoge una oferta digna de pescados, pero aquí se viene a tomar carne y la oferta es amplia: cabrito, chuletillas, chuletón de ternera, de buey, solomillo, etc. La recomendación de la casa es el lechazo de raza churra al horno de leña. Sencillamente irreprochable, de los mejores que este crítico ha comido en los últimos años. Una ensalada viene que ni pintada para acompañarlo.

Estamos en tierra de vinos, por lo que la oferta vinícola es uno de los fuertes del local, con una bodega que es una de las joyas de la corona y surtida de etiquetas de corte muy diverso. Una buena opción es el vino que elabora el restaurante, el Flores de Cerezo, un crianza de Toro a muy buen precio y muy adecuado para una comida así.

Los postres no pueden ser más clásicos: arroz con leche, tarta de queso, natillas. etc. La recomendación es otra, la tarta de las monjas, un bizcocho almibarado con trufa, según se anuncia en la carta, que recuerda en parte al ponche segoviano, pero con un punto más delicado. Las monjas, claro, no podían faltar en un lugar que ocupa parte de sus estancias y en el que aún hoy habitan. Buen café, por cierto. Servicio amable y clásico.

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Más info: www.laparrilladesanlorenzo
Dirección: Pedro Niño, 1, 47001 Valladolid
Teléfono: 983 33 50 88
Email: restaurante@laparrilladesanlorenzo.es