Todas las entradas por Alberto Adeva

Periodista, autor del Blog Gourmet y Más, colaborador de la revista El Club del Gourmet y de la web restaurantes.com

Muñagorri

 

Pedro Muñagorri es un profesional de la cocina con muchas horas de vuelo. Hasta su llegada a Madrid en 2008, en la casa primigenia de Las Rozas y luego en pleno barrio de Salamanca en la capital, ya había tenía una trayectoria reconocida en dos buenas direcciones, como Casa Nicolasa en San Sebastián y Zeria en Fuenterrabía.

Su cocina de mercado de inspiración vasca no es en ningún caso baladí. La impronta de su ejecución precisa, casi quirúrgica, se observa en cada plato de una carta que tiene por objetivo seducir al comensal.

Fuera de carta, la oferta también suele ser de interés, como los espárragos blancos de Navarra y una ensalada de excelentes tomates con ventresca que nos ofrecieron en nuestra última visita. De la oferta de entrantes de la carta, esta vez nos quedamos con las rabas de pulpo gallego con patatas al mortero, mojo rojo y ajada y la ensaladilla de txangurro con huevas de trucha, ambos muy acertados.

El sapito, ese rape más pequeño asado al horno, no deja indiferente, pleno de sabor, como el taco de merluza en su ajada y puré de patata. Algunos platos más forman parte del catálogo de productos del mar, como el tataki de salmón con tereyaki de mosto o los calamares en su tinta con arroz, entre otros.

Entre la oferta carnívora, “Del Campo” como se lee en la carta, destacan el solomillo de vaca con mostaza y pochado a la mantequilla con cebollas francesas o la carrillera al oloroso con puré de patata. Tiene fama el lomo de vaca vieja a la parrilla, pero seguramente la estrella sea el pichón de Las Landas en dos cocciones.

Nada deja indiferente en Muñagorri, tampoco los postres, de carácter clásico, pero con ciertos toques de modernidad. Buenas las cañitas templadas rellenas de crema y original la manzana al mortero, puré de manzana asada, crema fresca y helado de avellana.

Interesante bodega con numerosas referencias. El Fusco de Mencía merece mucho la pena, una opción realmente interesante.

 

 

 

 

Más info: http://www.munagorrirestaurante.es
Dirección: C/Padilla, 56, 28006 Madrid
Teléfono:  91 401 47 41

Martintxo

Siempre apetece asomarse a la cocina navarra, una miscelánea de colores, sabores y matices. Uno de los signos más acusados de esta gastronomía es, además de la diversidad y el atractivo de su oferta culinaria, el tratamiento, casi siempre adecuado, que se da a los productos.

Desde hace ya muchos años, los asadores y las sidrerías, más propios en origen del País Vasco, también tienen su hueco en la gastronomía navarra. Martintxo, en Cizur Menor, en las cercanías de Pamplona, fue además pionero en su género.

De gestión familiar, Martintxo, como era conocido el fundador de esta casa, Martín Elía Ansa, se asienta sobre los restos de lo que fue una panadería. Tomando como modelo el Julián de Tolosa, Martintxo fue el primer asador que se puso en marcha en Navarra en 1977.

El horno de leña de la panadería comenzó a asar cabritos, corderos y cochinillos, y se convirtió en una de las señas de identidad del restaurante, que más adelante, a principios de los años ochenta, abrió el espacio de sidrería.

Hoy en día, el concepto permanece intacto y son una legión los adeptos que se acercan a Martintxo para degustar un asado, una buena sidra guipuzcoana que sale de sus kupelas, un chuletón de buey o un pescado a la parrilla. La segunda generación de la familia Elía también sigue al pie del cañón.

En temporada alta de verduras frescas en Navarra, no podemos dejar pasar la oportunidad de tomarnos unos espárragos blancos y unas alcachofas de Tudela. Martintxo, además, dispone de ganadería y huerto propios, lo que da idea del tratamiento y la calidad del producto. Unos excelentes pimientos de piquillo al carbón dan paso a los segundos, entre los que destacan el chuletón de buey y los pescados salvajes, donde triunfan besugos, lenguados y merluzas a la brasa. Magnífico el cogote de merluza, hecho a la parrilla en su justo punto, de excelente sabor con esa mezcla de mar y carbón que tan bien sienta.

Buena selección de vinos, con prevalencia de la D.O. Navarra y un interesante “La Perdigana” de la bodega propia. Excelente sidra guipuzcoana que el comensal puede servirse directamente de las kupelas. Postres clásicos del recetario navarro, entre los que destacan el flan de yemas al caramelo, la leche frita al aroma de anís, los canutillos rellenos de crema con chocolate caliente o la cuajada de leche de oveja.

Notable pacharán, claro, como no podía ser de otra manera en esta tierra, y servicio atento.

 

 

 

 

Más info: www.martintxo.com
Dirección: C/ Irunbidea, 1 · 31190 Cizur Menor · Navarra
Teléfono: 948 180 020
Email: nuria@martintxo.com

Villa Paramesa

foto-alberto3El centro de Valladolid se ha convertido en los últimos años en un lugar de peregrinación para «foodies» y amantes de la gastronomía en general. El Concurso Nacional de Pinchos y Tapas, que ha celebrado en el mes de noviembre su décimo segunda edición, ha contribuido en buena manera a ello, pero lo cierto es que la capital castellano-leonesa está de moda por muchas razones.

El centro de la ciudad, entre la Plaza Mayor y la de Coca, concentra una oferta gastronómica de primer nivel, con locales donde la tapa alcanza su máxima expresión. Uno de ellos por mérito propio es Villa Paramesa, el local de los hermanos Castrodeza, que ejercen como auténticos orfebres de la cocina en miniatura. En justa correspondencia a su trabajo, varias de sus tapas han sido premiadas en el Concurso Nacional que se celebra cada año en Valladolid.

A Villa Paramesa la gente acude a sorprenderse con sus bocados imaginativos, algo que los hermanos Castrodeza claramente consiguen. En las sugerencias de la carta, resulta delicado el «Camarón mexicano en pan de ajo, tartar de carabinero, guacamole, camarones fritos y chile», presentado sobre una teja y que consiguió el Pincho de Plata y Mejor Concepto de Tapa en 2015.

Pincho de oro y Subcampeón Nacional 2014 es el «Ceviche de sardina, alga Kombu y ajo negro», una suerte de trampantojo con mucho sabor a mar. Sorprendente por su configuración es el «Tendal de anchoas de Santoña con berenjena, trufa, miel y queso».

Otro de los platos premiados que se mantiene en la carta es la «Tapa de chipirón ahumado con triguero y queso», que fue Pincho de Plata en el año 2009. Muy sorprendente también resulta el «Ravioli de costilla de cerdo y carrillera de ibérico con regaliz y pera».

Hay que atender a las sugerencias de la casa fuera de carta, como la «ensalada de tomates de la Huerta» que se ofrecía el último día, con variedades de la zona realmente sorprendentes.

El apartado goloso mantiene el listón en lo más alto. Muy buenos los «Churros de avellana con crema de vainilla», en otro trampantojo realmente memorable. Y en esta época resulta una magnífica opción el «Otoño-invierno: crema de castañas, pistachos, setas y frutos del bosque». Un clásico es el «Canto al vino», otro pincho ganador del concurso de la ciudad en 2012.

El vino, como no podía ser de otra manera, merece un capítulo aparte en la tierra en la que estamos. Vinos en botellas magnum de una calidad sobresaliente, sobre los que asesora con acierto Alicia Castrodeza.

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Más info: www.villaparamesa.com
Dirección: C/ Calixto Fernández de la Torre, 5, 47001 Valladolid
Teléfono: 983 35 79 36
Email: villaparamesa@villaparamesa.com

La Parrilla de San Lorenzo

foto-albertoValladolid es una ciudad gastronómicamente de moda que aúna tradición y modernidad. Su casco histórico, en torno a la Plaza Mayor, está repleto de locales en los que disfrutar de una gastronomía que une como pocas el placer del buen comer con el culto al vino. Entre la oferta destacada de la capital castellano-leonesa en cocina tradicional, destaca La Parrilla de San Lorenzo, un asador que se encuentra situado en los bajos del “Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana”.

La Parrilla de San Lorenzo es un lugar con encanto que, además de disfrutar de un marco museístico, ofrece lo mejor de la cocina castellana. Sin duda, lo más destacado de este local familiar es su horno de leña, del que sale un lechazo -con Indicación Geográfica Protegida (I.G.P) de Castilla y León- sencillamente magnífico. La carta ofrece, además, un buen montón de entrantes entre los que sobresalen la ensalada de escabechados o la tulipa de hongos y foie.

En esta época del año siempre resulta una buena opción un plato para entrar en calor como la sopa castellana. La carta acoge una oferta digna de pescados, pero aquí se viene a tomar carne y la oferta es amplia: cabrito, chuletillas, chuletón de ternera, de buey, solomillo, etc. La recomendación de la casa es el lechazo de raza churra al horno de leña. Sencillamente irreprochable, de los mejores que este crítico ha comido en los últimos años. Una ensalada viene que ni pintada para acompañarlo.

Estamos en tierra de vinos, por lo que la oferta vinícola es uno de los fuertes del local, con una bodega que es una de las joyas de la corona y surtida de etiquetas de corte muy diverso. Una buena opción es el vino que elabora el restaurante, el Flores de Cerezo, un crianza de Toro a muy buen precio y muy adecuado para una comida así.

Los postres no pueden ser más clásicos: arroz con leche, tarta de queso, natillas. etc. La recomendación es otra, la tarta de las monjas, un bizcocho almibarado con trufa, según se anuncia en la carta, que recuerda en parte al ponche segoviano, pero con un punto más delicado. Las monjas, claro, no podían faltar en un lugar que ocupa parte de sus estancias y en el que aún hoy habitan. Buen café, por cierto. Servicio amable y clásico.

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Más info: www.laparrilladesanlorenzo
Dirección: Pedro Niño, 1, 47001 Valladolid
Teléfono: 983 33 50 88
Email: restaurante@laparrilladesanlorenzo.es

 

 

Casa Balbino

foto-alberto3Mayo es el mes de las flores y un excelente momento para visitar Sanlúcar de Barrameda. Buen tiempo y buena gente. Y uno de los lugares imprescindibles que el visitante no debe pasar por alto es la Plaza del Cabildo con sus tabernas y terrazas. Entre todas ellas luce con luz propia desde hace muchos años Casa Balbino, lugar muy concurrido que tiene en las tortillitas de camarones su plato estrella.

Fue el soriano Balbino Izquierdo quien fundó esta casa en el siglo XX como tienda de ultramarinos. La segunda generación apostó por crear una taberna con tapas y guisos de la tierra, y la tercera mantiene el listón alto, como ha sido siempre. Por aquí pasan caras conocidas y cocineros reputados, pero también, claro, personas anónimas. Y hay que decir que en Casa Balbino no hacen distinciones con nadie: todo el mundo tiene que guardar cola para hacerse con sus famosas tortillitas de camarones y tratar luego de conseguir una mesa en la terraza.

En la carta se encuentran lo mejor de la gastronomía gaditana y andaluza. Muy buena ensaladilla rusa y salmorejo, también los rollitos de berenjena rellenos de langostinos. No pueden faltar a la mesa estos últimos estando en tierras de Sanlúcar. Las tortillitas de camarones tienen fama mundial y hay que pedirlas sí o sí. Excelentes, verdaderamente. En Balbino se hacen de media 3.500 tortillitas diarias, nada menos.

El resto de platos están en consonancia con las tortillitas. Todos rayan a buen nivel y hay una oferta extensa para elegir: albóndigas de marisco y de carne, riñones al jerez, ensalada de mariscos, centollo o buey relleno, cañaillas, coquinas, salpicón de mariscos, huevas aliñadas, serranitos, acedías, pijotas, puntillitas, gambas fritas, chocos y calamares fritos y un largo etcétera. Todos tienen su tirón y su público. El desfile de platos un sábado a la hora de la comida resulta interminable.

Buenos precios, además, y un servicio veloz, cercano y simpático. ¿Y de beber? Una manzanilla, claro, que estamos en Sanlúcar.

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Más info: www.casabalbino.com
Dirección: Plaza del Cabildo, 14 – Sanlúcar de Barrameda (Cádiz)
Teléfono: 956 36 05 13
Email: info@casabalbino.com

La Taberna de Pedro

foto-albertoMis amigos de la Asociación de Gourmets me invitaron hace unas semanas a una de sus habituales citas mensuales. En esta ocasión tocaba La Taberna de Pedro, donde oficia Pedro García de la Navarra. Cocina de temporada, muy apegada al producto, con una carta que varía en función del mercado. En esta ocasión, el menú degustación preparado por García de la Navarra contenía algunas de sus elaboraciones más tradicionales y guiños a las verduras de la huerta navarra y a la trufa.

De los vinos, que esta casa son un asunto serio -en La Vinoteca, el local anexo, oficia Luis, el reputado hermano sumiller de Pedro- se ocupó en esta ocasión Maite Corsín, periodista, enóloga y entregada al mundo del vino a través de su singular proyecto www.viajesdeuncatador.com, que pone en el mercado caldos remotos, diferentes, de uvas olvidadas. En esta ocasión, Corsín ofreció a los asistentes un relato de cada uno de los vinos, su procedencia y el porqué de la elección: Espumoso Zen, Juan García Reservado, un Francés de Castilla o Bobal de Manchuela, nombres curiosos que esconden uvas centenarias y poco conocidas para el gran público.

El maridaje de vinos con los productos ofrecidos por García de la Navarra resultó cuando menos singular. Espumoso para las entradas y tintos con sabor y cuerpo para el resto de la carta. Buena la trilogía de salazones y ahumados, sardina sobre tartar de tomate y salmón ahumado en la casa con vinagreta de aceituna arbequina y anchoa de Santoña con tomate Raf.

El siguiente plato apuntó al sobresaliente: cardo blanco con trufa, una receta delicada, plena de sabor. Sorprendentes las croquetas, una de chistorra y otra de trufa. Quizá menos singular, pero notable el pure de patata con huevo trufado.

Los dos últimos platos llevaban la firma habitual de la casa, dos clásicos, como el bacalao al ajoarriero y las albóndigas de ternera estofadas con puré de patata. De postre, panchineta casera, en otro guiño a la cocina norteña que contrasta con la buena mano que tiene García de la Navarra –sus raíces son toledanas- en platos del recetario manchego. Cocina tradicional, bien ejecutada y sin artificios.

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Más info: www.latabernadepedro.com
Dirección: Montalbán, 3, Madrid
Teléfono: 914 57 33 63

El Choco

foto-alberto3En el barrio de Los Boliches, en Fuengirola, encontramos un sitio muy recomendable para degustar pescaíto frito y todo tipo de especialidades marineras. No es un sitio lujoso, ni mucho menos, ni llega al nivel del cercano Los Marinos de José (tampoco son los mismos precios, claro), pero sí es el lugar más acertado para reencontrarse con esos sabores a mar que a veces tanto echamos de menos los que vivimos en Madrid.

El Choco es, sin duda, un lugar auténtico que garantiza una comida de lo más agradable. Al margen de los platos de pescaíto frito y los mariscos, es una buena elección pedir las berenjenas a la miel de caña, realmente buenas. La carta también ofrece salpicón de mariscos o melva con pimientos, entre otras opciones.

Pero lo que triunfa, claro está, es el pescaíto frito. Muy recomendables los platos de camarones y chanquetes con pimientos asados, al igual que los chaquetes con verduras y huevo de corral. También resultan excelentes los chocos, los boquerones fritos y el adobo. Buenos calamares y calamaritos. A la plancha también lucen las brochetas de langostinos y rosada, de pulpo y gambón, los choquitos y chipirones, el pulpo o la dorada.

Cocina a la vista, raciones abundantes, servicio simpático y buenos precios. Suele haber mucha gente tanto el interior como en la terraza. La segunda dirección se encuentra en Los Pacos.

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Más info: www.freiduriaelchoco.es
Dirección: Francisco Cano, 16, Fuengirola (Málaga)
Teléfono: 952 46 81 69

Dantxari

foto-albertoEn estos tiempos tan de cocina y tan poco de sala, hay que reconocer el trabajo de los profesionales que hacen su trabajo de un modo brillante lejos de los fogones. Y si en Madrid hay un sitio para hacerlo, ese lugar es Dantxari, donde Jesús Medina, jefe de sala y sumiller, y su hermano Manuel Medina, también jefe de sala, ofician con una maestría nada fácil de encontrar hoy día. Ya no está Eduardo Navarrina, aquel magnífico profesional ya retirado, pero se mantiene el mismo trato de siempre.

En Dantxari uno se siente como en casa. Y esa combinación es posible gracias al trabajo del personal de sala y a la cocina de inspiración vasco-navarra, antes de Ángel Alonso y ahora de Rainer Medina.

Todo es irreprochable en este restaurante de atmósfera entrañable. Desde el aperitivo que recibe al visitante a cualquiera de sus entrantes fríos o calientes. Siento especial devoción por los chipirones encebollados, excelentes.

Su versión de las croquetas de bacalao es también muy celebrada, al igual que el bacalao al pil-pil, irreprochable. Los pescados son una opción muy aconsejable en la carta de Dantxari: txangurro, rape, merluza, bacalao en diferentes versiones, etc.

En tiempo invernal, en línea con la apuesta de la casa por los platos de temporada, Dantxari ofrece al visitante opciones de cuchara que cuentan con muchos adeptos, como las alubias de Tolosa con chorizo y morcilla. Siempre atentos a la cocina de temporada, la carta varía también según la estación. En verano, por ejemplo, se ofrece un magnífico tomate de Carabaña con mojama de atún.

En el apartado carnívoro, triunfa entre los habituales su versión del solomillo al vapor con aceite de oliva virgen y pimienta.

Los golosos también tienen un buen escaparate en Dantxari, que ofrece en su carta opciones tradicionales y algunos guiños más sofisticados. El biscuit de higos es uno de mis preferidos. La tarta de manzana fina –hay que pedirla con antelación- es excelente.

La carta de vinos, de la que se encarga Jesús Medina, resulta ejemplar, una muestra más de equilibrio armónico entre cocina, sala y bodega. No acaben la comida sin pedir un pacharán, muy bueno. O un Pedro Ximénez, excelente. En cualquiera de los casos, saldrán de Dantxari con una sonrisa.

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Más info: www.dantxari.com
Dirección: Ventura Rodríguez, 8, 28008 Madrid
Teléfono: 915 42 35 24
Email: restaurante@dantxari.com

Bodega La Alegría

DSC_0480Tenía ganas de acudir a esta casa de comidas de la que hace un tiempo había leído buenas críticas. Un lugar de cocina extremeña en Villaverde Alto, lejos, muy lejos, de las arterias mesoneras más populares de la restauración madrileña. Pues bien, lo primero que hay que decir es que Bodega La Alegría merece el desplazamiento a este populoso barrio del sur de Madrid. Su cocina, el buen trato al producto y la profesionalidad de este local merecen mucho la pena. Por la razón que sea, además, la cocina extremeña no cuenta con demasiadas direcciones fiables en Madrid. En la Villa y Corte ha habido históricamente muchos colmados con productos de esta región -aunque los nuevos usos y la competencia china están provocando el cierre de la gran mayoría-, pero restaurantes de cierto nivel, la verdad, más bien pocos.

Bodega La Alegría reivindica la gastronomía extremeña con mayúsculas. Francisco Serradilla y Rosa María Melar, oriundos de Cañamero, iniciaron su negocio hace más de 25 años vendiendo vinos de su tierra a granel, pero con el paso del tiempo hicieron evolucionar una modesta bodega hacia una barra de suculentas tapas y un restaurante de notable nivel. La segunda generación, con sus hijos Jorge y Rubén al frente, encabeza ahora la pelea. Gente joven, con ideas y proyección. Una familia que recibe con sonrisas al comensal y que en mi opinión reivindica una cocina que no tiene etiquetas, pero que me gustaría definir como la «de la buena gente». Una cocina que se precie tiene que tener amor al producto, debe mimarlo y tratar de esa misma manera al cliente. Y eso sólo es posible desde la bonhomía.

La oferta de la carta es clarividente. Cocina de toda la vida, la de los pastores y la gente de campo, pero renovada y puesta al día. Buen producto y excelente trato en los fogones. Las migas del pastor con huevo de corral son sencillamente excelentes, como sus diferentes versiones de croquetas (boletus, chipirones, jamón, cabrales y bacalao), o la Torta del Casar con pan tostado. La cecina se sirve con un helado de aceite de oliva que es una combinación acertada. También lo es la morcilla de Sotopalacios con mermelada casera de tomate. Productos sencillos, excelente materia prima y algunas pinceladas «gourmet». El chuletón de buey a la brasa -de Asturias, eso sí- es un placer con mayúsculas para el carnívoro. Secreto, pluma o brocheta de solomillo de cerdo ibérico son algunos de los cortes de la tierra de una carta corta, pero cuidada al máximo. Las patatas, finas y doradas, fritas en un excelente aceite de oliva, son museísticas. Pan de calidad, también. De una tahona cercana, me dicen.

La oferta de vinos no va a la zaga. Aquí se vende mucho vino y se nota. Riberas de Duero, como Pago de Carraovejas, interesantes Riojas, y el otro día un excelente navarro Arinzano La Casona 2008. Potente y complejo, perfecto para acompañar un buen corte de carne roja.

Los postres tampoco son aquí triviales. Caseros y trabajados. Muy buenos los helados artesanales, que hace Rosa María, como el de chocolate a la naranja y el de mantecado con piñones. Y una clásica tarta de higos, en otro guiño a la cocina extremeña que le da sentido a todo. Buen café y excelente capuchino, preparado al «estilo Harrods», que lo cortés no quita lo valiente.

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Más info: www.bodegalaalegria.es
Dirección: Dr. Criado, 9, 28021 Madrid
Teléfono: 917 97 30 40
Email: info@bodegalaalegria.es

La Pequeña Taberna

DSC_0480A veces los gastrónomos buscamos pequeños tesoros escondidos en las ciudades. Se trata de un placer arqueológico encontrar esas raras joyas en medio de un ruta que también, claro está, acoge museos, palacios y calles empedradas. Algo de eso me sucedió hace poco tiempo en Murcia, una ciudad bastante desconocida, pero muy agradable, y que cuenta con una oferta gastronómica sencillamente excelente.

La Pequeña Taberna es uno de los lugares más recomendables para ir a comer si uno se encuentra de visita en la ciudad. Murcia es mar y huerta, un binomio quizá único en la gastronomía española. Allí, en un rinconcito de la capital pimentonera, a la espalda de la Catedral y cerca del río Segura, se encuentra La Pequeña Taberna, donde oficia con mano diestra Miguel López desde hace más de 30 años.

Un restaurante que se precie debe tener alguna particularidad que llame la atención. Pues bien, aquí la diferencia está en la alcachofa de la abuela, una por persona y día, según reza en la carta. Muy buena, la verdad, como las verduras a la plancha o ese aperitivo “made in Murcia” que es la marinera, anchoa y ensaladilla rusa sobre una rosquilla de pan.

El apartado carnívoro y de pescados no deja indiferente a nadie. Muy recomendable el solomillo, pero las chuletitas de cabrito resultan finas y delicadas. Excelente merluza, en su punto en la plancha. Para otro día quedarán los arroces, que también tienen aquí muchos adeptos.

Buena selección de vinos de la tierra, con esos Jumillas que relucen cada día más. Los postres, en línea con el resto de la carta, también rayan a gran altura. Estando en Murcia no hay que dejar pasar unos paparajotes, pero interesantes versiones de mousses de coco, turrón o chocolate blanco.

Hasta saben preparar buenos gin tonics. No se puede pedir más.

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Más info: www.lapequenataberna.com
Dirección: Plaza San Juan, 7, 30003 Murcia
Teléfono: 968 21 98 40
Email: lapequenataberna@gmail.com