Todas las entradas por Alberto Adeva

Periodista, autor del Blog Gourmet y Más, colaborador de la revista El Club del Gourmet y de la web restaurantes.com

Casa Hortensia

foto-alberto2De las gastronomías regionales españolas quizá una de las que mejores representantes tiene en Madrid es la asturiana. Restaurantes con solera, que se mantienen en el tiempo y con muy pocos altibajos en su calidad y en su clientela. Uno de ellos es Casa Hortensia, situado en el Centro Asturiano de Madrid, en una zona muy de moda, calle Fuencarral y alrededores.

Sentarse en una de las mesas de Casa Hortensia es como estar en Asturias. Tengo unos amigos de Bilbao que cada vez que vienen por Madrid cenan aquí y es gente de exigente gusto gastronómico. Hortensia es un pedacito de la cocina astur en la Villa y Corte. Su cocina es clásica, sin ningún atisbo de modernidad, ni falta que le hace. Y sus raciones son tan generosas que no se ven a menudo en las mesas madrileñas, casi siempre mucho más escuetas.

A Hortensia se viene a comer al modo tradicional y, además, hay que venir con hambre. Casi cualquier plato de la carta está garantizado, desde el queso cabrales del aperitivo hasta los postres más clásicos. La tortilla tiene ganada fama, pero es difícil errar el tiro en esta casa: en mi última visita me encantaron las almejas a la marinera y el pulpo con cachelos, en su punto justo ambos.

Las delicias de merluza –no sé cuántas van en cada plato, pero una barbaridad- son una de las especialidades, al igual que la merluza a la sidra. Las carnes, especialmente el solomillo (se sirven dos, no uno), también son una buena opción. Y destacan algunos guiños no habituales en el apartado carnívoro, como ese morcillo de ternera estofado, poco presente en los restaurantes madrileños.

Conviene no perderse la fabada, que su afamada cocinera Adela Besteiro prepara a conciencia sin que falten el lacón, la panceta, la morcilla, el chorizo y las fabes, claro está. La receta de la fabada comienza un día antes con la fabes a remojo, y la misma mañana, a primera hora, se ponen al fuego el lacón y la panceta. El resultado no puede ser mejor. Ahora, además, estamos en plena temporada alta de este plato, que tanto apetece en los meses invernales. Lo dicho también vale para los postres y vinos, muy clásicos. En definitiva, comida tradicional, sin artificios.

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Más info: www.casahortensia.com
Dirección: Calle de la Farmacia, 2, 28004 Madrid
Teléfono: 915 39 00 90
Email: restaurante@casahortensia.com

Las Estaciones de Juan

foto-alberto2En el lugar que ocupara durante muchos años Las Cuatro Estaciones, se encuentra ahora Las Estaciones de Juan, un local alejado de la decoración rústica de su hermano mayor, Casa Juan, más espacioso y moderno, pero con una carta igual de fiable. Las Estaciones de Juan practica una gastronomía tradicional, muy del gusto de los comensales madrileños y absolutamente ajena a la modernidad de eso que se hace llamar ahora cocina fusión y que en la mayoría de los casos, la verdad, no resulta.

Si conocen Casa Juan y aprecian el trato de Juan González y su ideario de inspiración vasco-navarra, no hay apenas diferencias. Seguramente es la clave para que en ambas direcciones su clientela permanezca fiel desde hace años y sea un lugar de referencia de mucha gente que visita Madrid y de tantas caras conocidas del mundo del deporte y el espectáculo.

Una carta amplia y variada, con entrantes como las anchoas de Santoña, el mousse de queso con boletus, el paté de perdiz, los huevos rotos con jamón ibérico, el revuelto de trigueros y gambas o el foie de oca a la plancha, entre otras elaboraciones, abre paso a platos como el arroz de carabineros, la sopa de pescado y marisco o una completa selección de carnes y pescados. Excelente el cogote de merluza en una carta que ofrece muchas opciones: rape a la bilbaina, bacalao al estilo chef, delicias de merluza o chipirones en su tinta. Las carnes también ocupan un lugar destacado en la carta de Las Estaciones de Juan. El chuletón fileteado que el comensal se prepara a su gusto en la mesa es canónico, pero la propuesta es variada: solomillo a la parrilla o a la pimienta, escalope milanesa, chuletas y paletilla de cordero lechal.

Una carta extensa y unos menús degustación que tienen muchos adeptos – con una selección de platos que parece no acabar nunca- es seguramente el secreto de Las Estaciones de Juan.

Los postres ofrecen un buen nivel, clásicos de siempre como el sorbete de limón, que se sirve sin cava a los niños, la leche frita y las sabrosas filloas, además de otros detalles cortesía de la casa como las tejas de Tolosa o las nueces caramelizadas. Carta de vinos amplia y pacharán y licor de orujo como epílogos.

Las Estaciones de Juan cuenta con una terraza que es un éxito cuando llega el buen tiempo. Buen y simpático servicio, no tan fácil de encontrar en estos tiempos.

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Más info: www.lascuatroestacionesdejuan.com
Dirección: Paseo de S. Fco. de Sales, 41, 28003 Madrid
Teléfono: 91 598 86 66
Email: info@lascuatroestacionesdejuan.com

El Pimpi

foto-alberto3Tengo debilidad por la cocina de Andalucía, también por esa tierra, su gente, sus ciudades y sus paisajes. En los últimos doce meses he estado dos veces en Málaga, una ciudad que, además de ser rica en historia y encantos gastronómicos, se ha convertido en uno de los faros culturales de nuestro país, con su oferta museística que llena de arte más aún la ciudad natal de Pablo Picasso.

Precisamente al lado del Museo Picasso, en una antigua caballeriza del Palacio de Buenavista, y con vistas a la Alcazaba y al Teatro Romano, se encuentra un lugar que es una referencia culinaria en Málaga, El Pimpi, una bodega histórica que resume a la perfección lo que es la gastronomía de la Costa del Sol. Las firmas en sus barriles y botas dan cuenta de la variedad de personajes que han pasado por aquí: la familia Picasso, Antonio Banderas, Carmen Thyssen, Gloria Fuertes, Antonio Gala o la Duquesa de Alba, por citar solo algunos. Patios y salones recogen bajo sus nombres el paso de todos ellos.

El Pimpi, que recibe el nombre de los primeros guías turísticos que hubo en la ciudad de Málaga, es un lugar de mucha autenticidad que ofrece una oferta gastronómica local, con una apuesta por los sabores tradicionales. Su carta es muy variada, con espacio para las tapas más habituales de la cocina malagueña, pero también apostando por platos de más peso en carnes y pescados.

Triunfan los “Ligeritos del Pimpi”, que se anuncian como montaditos calientes y crujientes. Especialmente sabroso el de pringá. Como no podía ser de otra manera el siguiente apartado más demandado es el “pescaíto frito”, con todas las variedades de la tierra como puntillitas, boquerones, rosada, adobo, etc.

La carta también ofrece un listado extenso con sugerencias de la casa, con platos como camarones fritos sobre pisto malagueño, croquetas del puchero de la abuela o cazuela de salmorejo con jamón y huevo de codorniz, entre otros.

Interesantes postres, algunos sorprendentes como la naranja helada al aceite de oliva y teja de almendra o la tarta de queso viejo con helado de mango.

Para beber, claro, lo más lógico, lo de la tierra: mucho Málaga Virgen y Moscatel.

Con buen tiempo, la terraza es ideal, especialmente de noche, con la Alcazaba iluminada justo enfrente. Y si no hay sitio en el Pimpi, siempre nos quedará el Pimpi Marinero.

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Más info: www.elpimpi.com
Dirección: Calle Granada, 62, 29015 Málaga
Teléfono: 952 22 54 03
Email: reservas@elpimpi.com

 

Casa Pedro

DSC_0480Todavía quedan algunos barrios de Madrid con reminiscencia del pueblo que algún día fueron: Villaverde, Villa de Vallecas, Hortaleza, Carabanchel, Fuencarral… De todos quizá sea este último el que mantiene una fisonomía más reconocible. Su calle principal, Nuestra Señora de Valverde, se asemeja de veras a un pueblo castellano.

Y es en esa misma calle donde se encuentra el más que centenario Casa Pedro, un restaurante que nació como fonda y casa de comidas en 1702. Entonces era parada obligatoria de la gente que llegaba a Madrid por la carretera de Francia. En aquella época y hasta no hace demasiados años, Fuencarral era tierra de labor, de frutales y viñedos, una despensa hortofrutícola de la ciudad de Madrid. Aquel pueblo se convirtió con el tiempo en lugar de esparcimiento y excursión para las generaciones del desarrollismo franquista que buscaban en sus restaurantes comer conejo al ajillo, que entonces sabía a gloria.

Por todas esas vicisitudes y seguro que por alguna más –como la época de la Guerra Civil, en la que desapareció hasta el archivo- ha pasado Casa Pedro, un superviviente en un sector que se ha entregado a la franquicia y a la comida rápida.

El edificio mantiene su singularidad, ha sufrido algunas reformas, pero conserva su estampa de viejo asador. Pedro Guiñales reivindica el legado familiar, la cocina castellana, pero también la madrileña. De hecho, persisten algunas tradiciones seculares, como servir una rosca de pan candeal a los comensales para que la partan, que era una forma castiza, según explica Guiñales, de agasajar al invitado. El pan candeal ya no lo hornean en las panaderías de Fuencarral –lástima que se pierdan las buenas costumbres– pero lo traen de Alcobendas y sigue estando bueno.

La preocupación por recuperar platos madrileños se observa en la carta, donde no faltan los callos, las manitas de cerdo y los guisos. Una ensalada de corujas de Miraflores de la Sierra, esa planta algo amarga, pero de agradable sabor, nos recibió el otro día. Buenas croquetas y excelentes alcachofas –están en buena época– con boletus.

La tradición manda en Casa Pedro. Los asados, de cordero y cochinillo, siguen la línea del clasicismo más castellano, horno de leña y sabor eterno. Capítulo aparte merece su bodega, surtida de los mejores caldos, un homenaje a sus tiempos de parada de postas, cuando el restaurante se llamaba la «Casa de la Silvestra» y se servían vinos de garnacha o moscatel. Buen descubrimiento el Rasgo 2009, tinto de crianza D.O. Ribera del Guadiana, de la Bodega Carabal, que se ofrece como «de la casa».

Los postres son bien clásicos, claro. Tarta de queso casera, milhoja de chocolate blanco, leche frita, y en esta época, torrija, excelente por cierto. Servicio atento, también de los de antes.

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Más info: www.casapedro.com
Dirección: Nuestra Sra. de Valverde, 119 Fuencarral (Madrid)
Teléfono: 91 734 02 01
Email: info@casapedro.com

Casa Gómez

foto-alberto2En estos tiempos en los que a veces cuesta encontrar lugares de cocina tradicional a un precio razonable, da gusto visitar Casa Gómez, un restaurante secular de Cercedilla que ocupa el mismo edificio desde 1880 cuando la familia Gómez abrió allí una tienda de ultramarinos. Más cercana a nuestros días es la segunda dirección, Los Sarmientos de Gómez, en la carretera hacia Los Molinos, de la que también se ocupa la cuarta generación de la familia.

En esta ocasión nos detendremos en Casa Gómez, que está justo enfrente de la estación de tren de Cercedilla. Cualquier excusa para visitar la sierra de Madrid es perfecta en esta época del año, ya sea para dar una caminata hacia Siete Picos, recorrer el Valle de la Fuenfría o hacer el camino Schmidt. Una opción también recomendable es subir hasta Cotos en el tren de la nieve que sale regularmente en los meses de invierno desde Cercedilla. Un viaje de 40 minutos que tiene mucho encanto. Y nada mejor que reponer luego fuerzas en algún restaurante de la zona, como es el caso de Casa Gómez.

Había estado allí hace justo un año, me gustaron sus propuestas, pero entonces no probé su cocido, que forma parte del menú de fin de semana. Estamos en época de frío, temporada alta de un plato que, pese a ser típicamente madrileño, no cuenta con tantas direcciones fiables como cabría suponer. Gómez, definitivamente, es una de ellas. Lo hacen los miércoles, sábados y domingos. Y resulta una elección acertadísima siempre. En dos vuelcos, tras la sopa de fideo gordo, como tiene que ser, el segundo vuelco se presenta en una bandeja de barro en la que no falta nada, ni siquiera el relleno. Buena carne de morcillo, chorizo, morcilla de arroz y tocino, con los garbanzos en su punto justo.

La carta de Gómez presenta muchas otras propuestas y ninguna es baladí. Las croquetas caseras tienen ganada fama, cremosas y plenas de sabor. Las carnes de la sierra de Guadarrama son notables, lo que se observa en cada plato, como en el escalope de ternera servido con unas finas patatas fritas, que siempre son un buen termómetro para medir la preocupación culinaria de un restaurante. La carta no descuida los pescados e incluye otras propuestas ambiciosas, diferentes, que muestran la inquietud de la cocina de Irene Gómez, como la sopa de boletus y castañas, el queso de cabra gratinado con cerezas y tomate o el hojaldre con langosta y espárragos verdes. El otro día, formando parte del menú de fin de semana, ofrecían muy buenos calamares en su tinta.

Los postres son de corte clásico, aunque también buscan salir del sota, caballo y rey, como sucede en el caso del excelente helado de queso y miel o la finísima tarta de manzana. Buen pan y café. Vinos clásicos y servicio cordial.

gomez

Más info: www.restaurantegomez.es
Dirección: C/ Emilio Serrano, 32 – 28470 Cercedilla (Madrid)
Teléfono: 918 52 01 46
Email: restaurantegomez@hotmail.com

restaurantegomez@hotmail.es

El Ventorrillo Murciano

DSC_0480No hay una gran representación en Madrid de la gastronomía murciana, una tierra con una cocina de contrastes, de productos de la huerta y del mar, pero también de buenos vinos y embutidos. Y uno de sus estandartes en la capital desde hace ya tres lustros es El Ventorrillo Murciano, situado en ese cruce de caminos que es el mestizo barrio de Lavapiés. Ahí oficia José María Muñoz, un tipo interesante, que trabajó como actor antes que hostelero y que pensó en su día que montar un restaurante murciano en Londres podía ser una buena idea. El destino quiso que al final decidiese quedarse en Madrid y abrir esta sucursal de la cocina de su tierra en la Villa y Corte.

Lo cierto es que los que se acerquen a comer a esta dirección no se irán defraudados. Seguramente Madrid sea de las ciudades de España con mayor oferta de paellas y arroces -más ahora en su versión con bogavante que se ha puesto tan de moda- pero muchos de ellos tienen un tinte turístico del que es conveniente huir. Bien es verdad que, si hablamos específicamente de cocina murciana, la oferta se reduce aún más. En la lista están El Caldero, Los Arroces de Segis, La Panocha y este Ventorrillo que merece mucho la pena.

La carta aquí no tiene trampa ni cartón. Una oferta gastronómica basada en los productos más tradicionales de la tierra, como la mojama de atún y huevas, la ensaladilla rusa, los embutidos o la ensalada de tomate y atún ahumado. Eso en los entrantes de una carta que resulta atractiva de por sí, seguramente por el desconocimiento que en general se tiene en Madrid de la cocina murciana.

Lo cierto es que el capítulo más esperado es el de los arroces. Huertano, huertano con costillejas, con conejo y caracoles, con conejo y verduras, con verduras y bacalao, abanda y otros marineros. Una finísima capa de arroz es el secreto, claro está. Y la experiencia debe decirse que resulta plenamente gratificante. Arroces con vida propia, con mucho sabor, sin artificios, fieles a su denominación de origen.

Los postres también hacen guiños a la tierra, como esos paparajotes envueltos en una hoja del limonero que cuadran muy bien con una Mistela. En el apartado vinícola es mejor asesorarse por José María Muñoz, pero hay una predilección especial por los caldos de Jumilla, como no podía ser de otra manera.

Lástima que el escenario se haya quedado pequeño, apenas un diminuto salón y una liliputiense cocina, lo que impide la apertura a nuevos platos como le gustaría a José María, carnes y asados, que también los hay y muy buenos en Murcia.

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Dirección: Calle de los Tres Peces, 20, 28012 Madrid
Teléfono: 91 528 83 09

Anema e Core

DSC_0480Hace un par de meses estuve de visita en Milán. Siempre que he ido a Italia he comido bien y recuerdo particularmente haber acertado siempre con los restaurantes que he elegido. El secreto en lugares así es buscar sitios poco transitados por el turismo. Esto vale casi para cualquier lugar del mundo. Es una receta infalible cuando uno está de viaje. Lo mismo me ha pasado en otras ciudades, como Roma o París. En Milán hay mucho buen restaurante en los barrios, como Rendez Vous, Al Vecchio Aratro o el impagable Da Ilia, cerca del parque del legendario periodista Indro Montanelli, con esa cocina a la vista y esas «mammas» que se ocupan de los comensales. Ninguno de ellos está en el bohemio barrio de Brera ni en los Navigli, donde también abundan las trattorias pero son más caras y peores.

Lo cierto es que, como aficionado a la cocina italiana, hay que decir que aquí se nos da mucho gato por liebre. Hay mucha trattoria de cartón piedra, pero también es verdad que hace años que en el foro contamos con un buen número de restaurantes que merecen mucho la pena. A veces alguno que otro son Guadianas que vienen y van, pero también los hay, caso de Don Giovanni, Casa Marco, Ouh Babbo! o ese Mercato Ballaró heredero de La Taverna Siciliana, que llevan tiempo siendo direcciones fiables. Una de ellas también es, sin duda, Anema e Core, un sitio de peregrinaje de los amantes de la cocina napolitana e incluso de ciudadanos italianos de paso por Madrid.

Anema e Core -alma y corazón en dialecto de Nápoles- es fiel a la cocina del sur de Italia. Y la puesta en escena, con ese horno de leña en la entrada, también ayuda a creérselo todo un poco más. Precisamente del horno salen unas pizzas, todas elaboradas con mozzarella de búfala, que son sobresalientes, de las mejores de Madrid. La pizza Margherita DOP es deslumbrante. No se puede hacer más con menos: masa bien fermentada, salsa de tomate, mozzarella de búfala de Campania y unas hojitas de albahaca.

Las pastas también sirven para darnos un baño de italianidad. Las frescas, claro, están elaboradas en la casa. Dario, en la sala, propietario del local, junto a su primo Salvatore, en la cocina, siempre es un buen consejero, pero no es una mala elección los paccheri napoletani, macarrones napolitanos con tomatitos, boletus y parmesano. También son muy buenos los cuori di napoli alle vongole veraci, corazones rellenos de pera y queso, con almejas y tomate.

El otro día, por ejemplo, entre los antipasti, había burrata salentina, ese queso fresco italiano que no siempre es fácil encontrar. Buenos risottos, como el amalfitana con carabineros y calabacín crujiente, y una oferta que va mucho más allá de pasta y pizzas con interesantes propuestas de carpaccios, como el di manzo al pepe nero e sale maldon (buey a la pimienta y sal maldón), además de varias carnes y pescados.

Carta de caldos transalpinos, no precisamente baratos, y cerveza Peroni, para mimetizarnos un poco más con el ambiente. Postres diversos, de lo más clásico, con el tiramisu y la panna cotta, a la pastiera napolitana o el zuccotto. Buenos helados artesanales, notable café y destilados “made in Italy”: selección de grappas, limoncello y gran amaretto.

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Más info: www.anemaecore.net
Dirección: Calle de los Donados, 2, 28013 Madrid
Teléfono: 91 542 22 53
Email: info@anemaecore.net

 

La Paloma

foto-albertoCon la llegada del verano las terrazas de Madrid viven un momento de esplendor. La canícula provoca que los madrileños busquemos los mejores lugares para comer y cenar resguardados de las altas temperaturas. El invierno es largo y duro en la Villa y Corte. Seguramente por eso seamos tan aficionados a las terrazas. En nuestra ciudad, además, existe mucha tradición de ellas. Los parques y bosques de Madrid –El Retiro, la Casa de Campo, El Pardo o la Dehesa de la Villa- siempre han tenido una buena oferta de las mismas, unas más modestas que otras, pero casi todos guardamos alguna en el recuerdo.

La Terraza La Paloma es una de las clásicas. Fundada en 1972 como un merendero tradicional, su cocina ha ganado en los últimos años buena fama entre los gastrónomos de la capital. Hoy es un buen restaurante, pero mantiene su esencia, lo que hace que, con el buen tiempo, llene una tarde tras otra. La Paloma tiene un pequeño salón –ideal para comer en invierno- y una gran terraza, que se convierte en carpa durante los meses de frío. Pero, además del bonito paraje en que se encuentra, en plena Dehesa de la Villa, lo que más llama la atención de este restaurante es su cocina. José Retana, ex El Corral de la Morería, Los Remos, El Caminante y Lobato, entre otros, oficia en los fogones con el acierto que dan tantos años de oficio. Sus platos no dejan indiferente al comensal.

El restaurante, además de una amplia variedad de raciones, que suelen ser muy demandadas con la llegada del calor y el “no hay billetes” de las tardes de verano, cuenta con una carta muy completa. Una cocina que no olvida los platos de temporada y que ofrece, según la época del año, setas, buenos pucheros, caza y pescados. Buen jamón ibérico y foie de pato. Recomendable sopa de mariscos, plena de sabor. También los pasteles, de puerros y salmón, de espinacas y langostinos. Gambas de Huelva, almejas a la marinera, pulpo a la gallega o revueltos son algunos de los entrantes de una carta con buena materia prima y que desprende “maneras”.

Mención especial merecen los pescados y carnes. La merluza rellena –una de las muchas opciones en que la preparan- resulta excelente. Las carnes rojas a la piedra son de calidad, pero lo que no hay que perderse es el lechazo asado. No son muchos los lugares de nuestra ciudad que nos traigan el recuerdo del tradicional cordero lechal que tan bien asan en la vieja Castilla. El de Terraza La Paloma hace posible que, sin mover el coche, nos olvidemos por un momento de estar comiendo lechazo en pleno Madrid.

A los postres, carta muy clásica, en la que destaca una muy buena leche frita. La carta de vinos es extensa y cuenta con las principales Denominaciones de Origen. Notable Morozán, Ribera del Duero. Y excelente reserva Pago de Carraovejas, de la bodega de nuestro buen amigo, el restaurador segoviano José María.

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Más info: www.terraza-lapaloma.es
Dirección: Paseo de S. Fco. de Sales, 41, 28003 Madrid
Teléfono: 914 50 30 18
Email: contacto@terraza-lapaloma.es

Celleret del Segre

foto-alberto2Dar a conocer los sabores de la tierra es la principal apuesta del Celleret del Segre, un restaurante que practica una cocina tradicional ilerdense, alejada de artificios, sin trampa ni cartón.

Cerca del centro de la ciudad de Lleida, junto al río al que debe parte de su nombre (“celleret” es algo así como bodeguita en su traducción al castellano), este restaurante lleva muchos años ofreciendo sus platos a una parroquia fiel que agradece esa mezcla tan inusual hoy día de calidad en el producto, buen servicio y ajustadísimos precios. Recetario cien por cien local como los caracoles a la llauna con alioli, la escalivada o la carne a la brasa.

El secreto seguramente está, como dice Juan Fernández, el propietario, en que hay dos abuelas en la cocina (su mujer y la hermana de ésta) y, cuando esto sucede, se puede comer y cenar bien a gusto. Estas últimas semanas, Emi, la hija de Juan, que aún está algo convaleciente de una reciente operación, le ha sustituido en la sala. Y aunque ahora se dedica a otras actividades lejos de este mundillo, lo cierto es que hace muy bien su trabajo como restauradora. Emi recomienda muy bien al comensal, algo que parece fácil y no lo es tanto.

Los caracoles en Lleida son sagrados. Y en el Celleret del Segre los preparan con todo el cariño del que son capaces. El resultado es excelente. La escalivada, otro plato tradicional por estas latitudes, también resulta una opción muy atractiva, como lo son casi todos los entrantes que ofrece una carta amplia y bien resuelta.

Los arroces (a la marinera, negro o con bogavante) son en el Celleret del Segre una opción segura. La carta también ofrece buenas carnes y un buen número de pescados y mariscos de la lonja de L’Ametlla de Mar. Aquí casi nada defrauda. Tampoco lo hace la carta de vinos, muy cuidada, que se abre a las principales denominaciones de origen.

Esa buena mano en la cocina también se manifiesta en los postres. Un recetario apegado al terruño, pero que ofrece algunos guiños más sofisticados. Muy recomendables los crepes de piña rellenos con una finísima crema, especialmente tras una opípara comida. Excelentes helados artesanales elaborados en la casa. Y crema catalana, claro, que para eso estamos en Lleida.

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Dirección: Carrer del General Britos, 10, 25007 Lleida
Teléfono: 973 23 19 42

Betelu

DSC_0480Vivimos tiempos duros. La gastronomía tampoco se salva de la quema, pero salir a comer o cenar no deja de ser un buen refugio para cambiar de chip en estos tiempos tan prosaicos. Y si tenemos que elegir, mejor no tirar una moneda al aire y equivocarnos a la hora de hacerlo. Betelu es un lugar en el que acertaremos seguro. Lejos de las grandes arterias madrileñas y de las calles de moda, este restaurante lleva mucho tiempo acaparando la atención de las guías de gastronomía. Se trata de una dirección para iniciados y para clientes de toda la vida, gente que busca en sus fogones saber culinario y calidad en el producto.

Betelu responde al recetario clásico vasco-navarro y lleva varios lustros apostando por platos tradicionales, elaborados con exquisitez y sin artificios. Una cocina clásica que jamás defrauda en un ambiente, por lo demás, amable y cálido. No en vano Betelu es un negocio familiar en el que Antonio, su fundador, sigue al pie del cañón, y sus hijos, Iñaki, en la cocina, y Ana y José, en la sala, le acompañan. Todo ello habla de una continuidad en la dirección, de un negocio engrasado, sin vaivenes de ningún tipo.

Aquí se viene a comer lo que se ha convertido en religión en los últimos veinte años, como esas alubias de Tolosa que el patrón, Antonio, bautizó como de “chocolate”. Y platos como el panaché de verduras u otros de temporada como los espárragos frescos de Navarra. Los excelentes pimientos de piquillo rellenos de merluza y la chistorra también forman parte de los platos más tradicionales.

La tendencia norteña del restaurante se observa en la amplia carta de pescados, todos ellos de enorme calidad y tratados con cariño en su elaboración. Los chipirones rellenos en su tinta son una opción atractiva, plenos de sabor y que denotan la profesionalidad de esta cocina. En el apartado de pescados conviene detenerse un minuto antes de elegir: merluza a la plancha, a la romana, a la vasca, al pil pil, kokotxas, rape, besugo a la espalda y un largo etcétera. El apartado carnívoro no es tan amplio, pero la calidad de las piezas de solomillo y entrecote está garantizada.

Tanto si uno es goloso como si no lo es tanto, no conviene perderse los postres. En Betelu tienen gran fama sus torrijas y su leche frita, pero también resulta exquisito el arroz con leche y el flan de huevo. Leche recién traída de Betelu, el pueblo navarro que da nombre al restaurante, explica la ejemplaridad de los sabores.

Buena bodega con numerosas referencias de Rioja y Ribera del Duero y apartado especial para los destilados. Además de la carta, Betelu cuenta con diversos menús degustación.

betelu

Más info: www.restaurantebetelu.es
Dirección: Florencio Llorente 27, Madrid 28027
Teléfono: 91 326 50 87
Email: betelu@restaurantebetelu.es